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Pieles NO

martes, 21 de septiembre de 2010

La herradura como símbolo de suerte





Considerada como el más universal de todos los amuletos de la suerte, la herradura era un talismán poderoso en todas las épocas y en todos los paises en los que existía el caballo. Aunque los griegos intrudujeron la herradura en la cultura occidental en el s. IV, y la consideraban símbolo de buena suerte, la leyenda atribuye a San Dunstán el haber otorgado a la herradura , colgada sobre la puerta de una casa, un poder especial contra el mal.
Según la tradición, Dunstan, herrero de profesión pero que llegaría a ser arzobispo de Canterbury en 959, recibió un día la visita de un hombre que le pidió unas herraduras para sus pies, unos pies de forma sospechosamente parecidos a pezuñas. Dunstan reconoció inmediatamente a Satanás en su cliente, y explicó que, para realizar su tarea, era forzoso encadenar al hombre a la pared. Con toda deliberación, el santo procuró que su trabajo resultase tan doloroso que el diablo encadenado le pidió repetidamente misericordia. Dunstan se negó a soltarlo hasta que el diablo juró solemnemente no entrar nunca en una casa donde hubiera una herradura colgada sobre la puerta.
Desde la aparición de esta leyenda en el s. X, los cristianos tuvieron la herradura en alta estima, colocándola primero sobre el dintel de la puerta y trasladándola más tarde al centro de ésta, donde cumplía la doble función de talismán y picaporte. Tal es el origen del picaporte en forma de herradura. En otros tiempos, los cristianos celebraban la fiesta de San Dunstan, el 19 de mayo, con juegos en los que se empleaban herraduras.
Para los griegos, los poderes mágicos de la herradura emanaban de otros factores: Las herraduras eran de hierro, un elemento que se creía que ahuyentaba el mal, y la herradura tenía la forma de una luna en cuarto creciente, que desde antiguo era considerada como símbolo de fertilidad y fortuna. Los romanos se apropiaron de este objeto a la vez como práctico dispositivo ecuestre y como talismán, y su creencia pagana en sus poderes mágicos pasó a los cristianos, que dieron a este superstición su versión basada en San Dunstan.
En la Edad Media , cuando cundía al máximo el temor a la brujería, la herradura adquirió un poder adicional.
Se creia que las brujas se desplazaban montadas en escobas porque temían a los caballos, especialmente su herradura de hierro las ahuyentaba como un crucifijo aterrorizaba a un vampiro. La mujer acusada de brujería era enterrada con una herradura clavada en la tapa de su ataúd, para impedir su resurrección. En Rusia, al herrero que forjaba herraduras se le consideraba dotado de la capacidad para realizar "magia blanca" contra la brujería, y los juramentos solemnes relativos al matrimonio, los contratos comerciales y las compraventas de propiedades no se prestaban sobre una Biblia, sino sobre los yunques utilizados para martillear las herraduras.
Una herradura no podía colgarse de cualquier forma: Su disposición correcta era con los extremos hacia arriba, pues de lo contrario su reserva de suerte se vaciaba.
En las Islas Británicas, la herradura se mantuvo como un potente símbolo de suerte hasta bien entrado el s. XIX. Un popular encantamiento irlandés contra el mal y la enfermedad (originado a la vez que la leyenda de San Dunstan) decía: "Padre, Hijo y Espíritu Santo, clavad el diablo en un palo". En 1805, cuando el almirante británico lord Horacio Nelson se enfrentó a los enemigos de su nación en la batalla de Trafalgar, el supersticioso inglés clavó una herradura en el mástil de su navío almirante, el "Victory". Su victoria-conmemorada en Londres por la columna de Nelson, erigida en Trafalgar Squiare en 1849- puso fin al proyecto napoleónico de invadir Inglaterra. Puede que la herradura aportara suerte a la nación británica, pero Nelson perdió su vida en la batalla.

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